Abro los ojos tratando de no quebrantar ninguno de los frágiles filamentos que componen mi cabeza esta mañana. Se van notando los 30. Abro los ojos y tras la borrosa imagen de los litros que nos dotaron de impudicia bajo las estrellas de tu balcón, te descubro apoyada en la nevera como una fuente derramando la exaltación de la vida, sudorosa y excitante con tu vestido naranja . Tu fumas un cigarrillo Vogue con la maestría de una musa de Hollywood. Hago foco en tus muslos, recorriéndolos centímetro a centímetro en un acuerdo silencioso con el segundero del reloj de tu cocina hasta allá donde no importa el calor ni el frío, donde encuentro mi cálido refugio. Me incorporo buscando el centro del húmedo sofá y en un pestañeo, como en un nuevo despertar, tu ceñido vestido naranja se impone en mi horizonte. Arriba a la izquierda, a unos 30 centímetros resuenan como algún instrumento indio de meditación los cubitos de hielo en la jarra de agua. A la derecha , y ésto refuerza tu imagen de diosa, tu humeante mano sujeta el infinito cigarrillo y una pastilla de ibuprofeno, pero yo sigo sumido en el marcado vórtice de tu definido vientre, hipnotizado. No necesito agua. No necesito droga, solo tu ombligo me recompone esta mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario