Inicio este blog con la idea de que no se me queden para mí y solo para mí y mis vergüezas las cosillas que escribo. La pretensión con el blog sencillamente es dar salida a mis inquietudes e intimidades librándome de las críticas que yo mismo me pongo y al mismo tiempo alentarme a escribir más continuadamente. Seguramente, dada mi naturaleza perruna, ésto no progrese más allá de un periodo corto de tiempo y por eso aplico el remedio o más bien la medicina. A quien lea este cuaderno de bitácora, que deje el perfume de su esencia, ya sea por su paso fugaz o por contemplar las paredes de ésta choza. Siempre es de agradecer la crítica desde el cariño, las enseñanzas y los consejos. Y si algo de lo aquí publicado os inspira a crear a partir de ello yo me presento voluntario. Un abrazo cálido del militante de lo íntimo.
Intimitante.
Militante de lo íntimo.
miércoles, 8 de enero de 2020
martes, 8 de enero de 2013
La guía.
Te seguí durante horas que parecieron días a través de las trazas y matices con los que difuminabas los colores más bellos del mundo. Vestías solo la parte baja de un bikini de plumas rosas y tus mechas áureas acariciaban en el vaivén de un paso sagrado la hermosura infinita de donde algún día brotaran alas.Todo era inocente, yo te seguía como el niño perdido que coloca la guía en una imagen conocida, en un hipnótico y confiado baile.
De una fotografía de Chloe Aftel.
37ºC tu cuerpo. 8:00h de la mañana:
Tu milagroso vórtice:
Abro los ojos tratando de no quebrantar ninguno de los frágiles filamentos que componen mi cabeza esta mañana. Se van notando los 30. Abro los ojos y tras la borrosa imagen de los litros que nos dotaron de impudicia bajo las estrellas de tu balcón, te descubro apoyada en la nevera como una fuente derramando la exaltación de la vida, sudorosa y excitante con tu vestido naranja . Tu fumas un cigarrillo Vogue con la maestría de una musa de Hollywood. Hago foco en tus muslos, recorriéndolos centímetro a centímetro en un acuerdo silencioso con el segundero del reloj de tu cocina hasta allá donde no importa el calor ni el frío, donde encuentro mi cálido refugio. Me incorporo buscando el centro del húmedo sofá y en un pestañeo, como en un nuevo despertar, tu ceñido vestido naranja se impone en mi horizonte. Arriba a la izquierda, a unos 30 centímetros resuenan como algún instrumento indio de meditación los cubitos de hielo en la jarra de agua. A la derecha , y ésto refuerza tu imagen de diosa, tu humeante mano sujeta el infinito cigarrillo y una pastilla de ibuprofeno, pero yo sigo sumido en el marcado vórtice de tu definido vientre, hipnotizado. No necesito agua. No necesito droga, solo tu ombligo me recompone esta mañana.
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